Fraudes científicos


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Carmen Jurado Rubio, entusiasta estudiante de Psicología, ha descubierto fehacientemente algo que no debemos de olvidar: que la ciencia se construye con errores, algunos trágicos como el que ahora nos ocupa, y en algunos casos con evidente mala fe, o directamente insensibilidad y maldad. No sabemos exactamente en cuál de esas categorías militó Wendell Johnson, pero el hecho es que sus experiencias para demostrar la influencia psicológica en el desarrollo de la tartamudez crearon tartamudos artificiales, tartamudos que sufrieron el estigma de su condición y, suponemos, padecieron las risas cargadas de mala baba a las que seguro hemos asistido, o acaso producido, en alguna ocasión (no hay nada más revelador de la fragilidad humana que esa necesidad de aislar y vilipendiar al frágil manifiesto, como si la risa creara un cordón sanitario que nos constituye con la seguridad y la fortaleza de la que carece el humillado). Carmen, ha contado todo este caso, junto con alguna información básica de lo que hoy día sabemos sobre la tartamudez, en un bonito póster que hoy publicamos en nuestra Revista Digital de Ciencias. ¡Enhorabuena a Carmen por su trabajo!

Para acceder al trabajo haz clic aquí.

En un país en el que se habla profusamente del color de la corbata de los candidatos a la presidencia, y si a éstos les tembló el belfo o se les desvió el enfoque de uno de los ojos durante algunos milisegundos, como si fuera algo esencial, en un país así no nos debería de sorprender que las empresas de alimentación gasten más en ocurrencias de mercadotecnia que en verdadera investigación que mejore la calidad y las propiedades de los alimentos.

El mejor timo es aquel que engarza con algún resorte profundo del timado o incluso de la sociedad en la que se produce: respecto a lo primero tenemos la siempre presente preocupación por la salud y respecto a lo segundo qué mejor que prostituir el prestigio social que, merecidamente, la ciencia ha conseguido.

Bifidus, activaciones inmunitarias, antagonistas del colesterol, vitaminas de toda clase, calcio que viene de la vaca y no del calcio en sí mismo, minerales en general, antioxidaciones diversas, resveratroles, isoflavonas, bactericidas, reguladores del tránsito intestinal, anticancerígenos, prevenciones de toda laya, disminuidores de la tensión arterial, alargadores de la vida, esteroles, prebióticos, lecitinas, retardadores de la degeneración cognitiva, potenciadores de la memoria y la atención…¡qué castigo para aquellos que nos molestan las tomaduras de pelo! Por cierto, se nos olvidaban los activadores del implante capilar, que Berlusconi y Bono nos perdonen.

Afortunadamente las instituciones europeas han tomado cartas en el asunto y la llamada European Food Safety Authority ha empezado a exigir la demostración científica de todas las propiedades especiales que se publicitan. El resultado era de esperar: sólo el 20 % de las funcionalidades alimentarias prometidas eran reales.

Te enlazamos todo un buen artículo dedicado al tema. Consejo sobre todo dirigido a nuestro alumnado: no os dejéis tomar el pelo. Si os dejáis no sólo perdéis vosotros sino que todo el clima social y cultural se banaliza y deteriora. ¡Es un alto precio!

Las grandes mentiras en el etiquetado de los alimentos funcionales

Por cierto, la referencia comentada nos ha llegado  a través de nuestro colaborador, David Vera. ¡Gracias David!

Hace unos días hemos proyectado la película “El Jardinero fiel” a nuestro alumnado de Ciencias para el Mundo Contemporáneo. Si no la habéis visto lo primero es recomendarla ya que es una gran película y lo segundo contaros que trata el mundo de los ensayos clínicos promovidos por empresas farmaceúticas y de sus posibles derivaciones fraudulentas o directamente canallescas. Guiados por el escrúpulo del rigor avisábamos que el argumento es ficticio ya que está basado en un relato novelesco aunque nos permitimos sugerir la sospecha de que la realidad pueda siempre superar a la ficción, como bien sabemos ya todos aquellos que tenemos cierta experiencia vital. Lo que no sabíamos en ese momento es que la certificación en forma de noticia llegaría tan pronto.

El periódico El País ha publicado este fin de semana la noticia de los ensayos realizados entre 1946 y 1948 por un grupo de médicos estadounidenses, dirigidos por John Charles Cutler, bajo el patrocinio directo de la Secretaría de Salud del Gobierno Estadounidense inoculando con sífilis y gonorrea a inocentes y engañados ciudadanos guatemaltecos, incluidos niños pequeños, que todavía sufren las secuelas de este salvaje procedimiento, para experimentar terapias con ellos (en la fotografía una de las niñas inoculadas con sífilis que ha padecido toda su vida los efectos de la enfermedad).

Los todavía afectados los denominan “Los experimentos del diablo” y en un último rapto de dignidad que ojalá llegue a algún puerto justo, han denunciado a su propio gobierno, que sin duda colaboró, y al gobierno de los Estados Unidos directamente implicado en el asunto.

Más información: El País

Si la mentira y el engaño tienen un importante papel en nuestro desenvolvimiento social, Internet es un medio de cultivo perfecto dado que nos mostramos con una identidad que normalmente es ficticia y no dejamos nuestra cara, por muy dura que sea, grabada en la retina de nadie. Así que en el ciberespacio es más verdad que en ningún sitio aquello de que no es oro todo lo que reluce. En el siguiente experimento la pista para detectar su imposibilidad es, ¿de dónde sale la energía para alimentar el LED? Si todavía el imán se moviera tendríamos una variación de flujo magnético que, en este caso, tampoco induciría corriente ya que debe de hacerlo sobre un circuito cerrado. A partir de aquí sobre lo único que podemos discutir es: ¿dónde está el truco?

¡Ojo con aceptar sin más todo aquello que se rodee de la parafernalia científica! Los principales enemigos de la verdad, al menos en la versión interesada, son lo que los clásicos denominaban las bajas pasiones: el poder, el dinero, la fama…¿Piensas que este dictamen pertenece al pasado y que no es aplicable a nuestra actualidad ilustrada? Pues, vas listo. Un poquito del café de la realidad para despertarte del sueño: una autora se ha dedicado a estudiar los artículos científicos publicados por una empresa farmaceútica en relación a la terapia hormonal para la menopausia. La conclusión no es que estuvieran manipulados sino directamente inventados por ¡una empresa de comunicación!

En la actividad científica triunfa finalmente la verdad debido a que la empresa, globalmente considerada, es colectiva y el escepticismo está, como se dice ahora, en el ADN de los valores que sustentan su metodología. Pero ¿qué ocurre cuando ciertos resultados pueden producir beneficios extraordinarios de inmediato? Pues que el terreno está abonado para los sinvergüenzas de bata blanca, que también existen.

Más información: El Mundo

[youtube]OlVrDGz3hj0[/youtube]

[youtube]JNljXvzoTCg[/youtube]

[youtube]zjHUqR9eVRE[/youtube]

[youtube]568PRXSA-8E[/youtube]

En varias entradas previas (1,2) hemos tocado el tema de la homeopatía, una pseudociencia que ha gozado de cierto prestigio incluso en sectores cultivados, ávidos de una “apertura mental” que la pesada, racional, compleja, humilde, muchas veces frustrante y falible, pero rigurosa y hermosa ciencia convencional parece que no les ofrece. Ahora presentamos una serie de vídeos sobre su ya demostrada falsedad (un estudio publicado en The Lancet comprobó que sus efectos eran placebo):

[youtube]ODyqe4gz7qM[/youtube]

Fuente: El Tao de la Física

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